- Área: 24 m²
- Año: 2018
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Fotografías:Alfonso Arango
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Proveedores: Cemex, Kölor®, Philac, Sempergreen
Descripción enviada por el equipo del proyecto. La Casa en la niebla es un proyecto aledaño a la vivienda de la familia del arquitecto. Allí, se buscó plantear una casa de mínimas dimensiones con los espacios suficientes para poder albergar una pareja.
El proyecto está ubicado entre la ciudad de Bogotá y el municipio de La Calera, caracterizado por la inclinada topografía típica de las faldas montañosas de la región andina. A la distancia, se observa con facilidad el embalse San Rafael abrazado por otro cuerpo montañoso que va hasta donde la vista alcanza.
La implantación de la casa se da en una zona de pendiente leve en comparación a la del resto del lugar, evitando la modificación innecesaria del suelo natural. Debido a las condiciones climáticas de la región, cuyas noches son bastante frías y predominantemente húmedas, la casa gira cuarenta y cinco grados con respecto al norte buscando la mayor iluminación y radiación calórica posible, proveniente del sol a lo largo de todo el año.
La casa está compuesta por dos placas cuadradas de apenas 4.2 metros de lado: una elevada y una apoyada directamente sobre el suelo, conectadas por un eje vertical central que busca devolver el agua que cae del cielo a la tierra atravesando la totalidad de la casa. En el primer nivel se dispone una pequeña cocina, el baño y la zona social; mientras que el mezzanine está dedicado al área de descanso.
El material de cerramiento es madera de pino cultivada en la región, tratada con productos de procesos antiquísimos de pirólisis de resinas orgánicas derivadas del pino mismo. Técnica utilizada para calafatear embarcaciones en tiempos pasados. En la fachada nor-oriental se dispone un muro en vidrio-bloque que permite el ingreso y difumina los rayos del sol de la mañana.
Al abrir la puerta, los fríos vientos que bajan de la montaña se impregnan con un ligero aroma a eucalipto ingresando a la casa y dejándola con una sensación de frescura en el aire.
Como contraste al oscuro exterior, el interior se concibe en una tonalidad mas suave: superficies de maderas claras que nacen desde un piso en concreto teñido, complementadas con algunos toques de madera teca que se prolongan hacia el exterior. Las ventanas de la Casa en la niebla enmarcan el paisaje de la infancia. Dejan ver los cielos grises cargados de agua, y la tierra montañosa que soportó los pasos desvanecidos de algunos de los seres queridos. En las noches, la ventana ubicada encima de la puerta hace las veces de lámpara, proyectando un tenue cono de luz que ilumina el ingreso y que evidencia la presencia de alguien que, en el interior, espera paciente por la llegada de su ser querido.
A pesar de contar con fluido eléctrico para satisfacer todas las comodidades de la vida moderna, las velas han jugado un rol fundamental en el pensar la Casa en la niebla. En las noches de lluvia intensa los cortes del fluido eléctrico son habituales; creando la oportunidad y el ambiente propicio para tomar un libro y dejarse envolver por la calidez de la lectura y la llama. Durante el día, y a media luz, la casa en sí misma parece estar envuelta en una bruma tenue que es amable con los ojos y que, a la vez, reconforta el corazón.
La cubierta se plantea como un jardín elevado donde las aves y los vientos traen consigo variedad de semillas y esporas de la flora autóctona de la región; permitiendo el crecimiento de manera libre, espontanea y natural de un jardín unos pocos metros más cerca del cielo.
La Casa en la niebla es un espacio para la soledad en las montañas, un lugar para la tranquilidad y a la vez para la nostalgia. Un lugar donde aclarar los pensamientos y sentirse cobijado por la memoria de quienes ya no están. Un lugar para refugiarse de la niebla.
Porque los recuerdos de las antiguas moradas se reviven como ensueños, las moradas del pasado son en nosotros imperecederas.
Bachelard. La poética del espacio.